jueves, 12 de abril de 2012

DANIEL MARRERO HERNÁNDEZ 2ºA ( LA BUSCA)

El yanqui y mi tío se repartieron el dinero, y a cada uno le tocó más de cien mil duros; pero a mi tío, que era terco, volvió al lugar del naufragio, y entonces ya debió de encontrar el tesoro, porque llegó a Inglaterra con una fortuna colosal. Viéndose con tanto dinero para gastarlo sin que este se acabara, compró tres carros de una calidad excelente, y diez caballos pura raza españoles. Otra cosa que hizo fue repartir el dinero a toda su familia, ya que esta no destacaba precisamente por sus riquezas. Mi tío conoció, al fin, una bella dama, de procedencia española, llamada María Candelaria, pero la llamaban Candi. Candi y mi tío, se conocieron en Sevilla, en las fiestas de San Fermín. Candi era de sangre real. Los padres de Candi eran los reyes de España, y a mi tío le encantó todo. Cuatro años después, se casaron y tuvieron un varón, al que le pusieron de nombre Rodrigo. Rodrigo era el hijo que todas las familias ansiaban tener, era bello, inteligente, amable, explorador, pero una cosa que destacaba de él, era la memoria. Mi tío le contaba las aventuras que pasó con el yanqui, todo el tesoro que poseía, como conoció a Candi, etc. Con el paso de los años, Rodrigo empezó a escribir cuentos, opiniones, novelas, y recuerdos. Mi tío y Candi, murieron de una grave enfermedad.
Rodrigo, en honor a su padre, escribió un libro de su vida, basándose en los hechos que mi tío le contaba. Con todo el dinero que le dejaron sus padres de la herencia, Rodrigo levantó estatuas y mandó a publicar su libro, para que todo el mundo viese lo que hizo mi tío.
Personas importantes de todo el mundo vinieron a conocer a Rodrigo, y esa familia paso a ser la más importante del lugar, gracias al esfuerzo que hizo Rodrigo para que el mundo viese todas las aventuras que vivió su padre.
Hoy los Hasting, que viven en Inglaterra, siguen siendo millonarios.

Pablo Palomar Concepción 2ºA La busca

[...] En este segundo viaje sacaron dos cajas pesadísimas y grandes: una, llena de lingotes de plata; la otra, con onzas mejicanas. Los dos volvieron a Londres, y una vez allí el yanqui reclamó su parte del tesoro. Mi tío, como era extremadamente avaro, no quiso repartirlo, y se lo quedó todo. El yanqui se enfadó mucho. A las dos semanas se enteró de que mi tío iba a cambiar la plata y el dinero por duros, y se le ocurrió un plan: entrar en la casa sin que se diera cuenta justo el día antes del cambio y buscar donde estaba el tesoro escondido. Finalmente llevo a cabo su estrategia. Lo encontró y en un saco que llevaba al hombro metió toda la plata y el dinero, y en su lugar, dejó lingotes de latón y monedas falsas. Mi tío, al día siguiente, fue al cambista, que lo tomó por un timador, por lo que llamó al Sheriff, que, ante la farsa, decidió apresarlo y llevarlo a la cárcel. El yanqui, contento con lo conseguido, se compró una lujosa mansión, que aún conserva, mientras que mi tío sigue en la cárcel cumpliendo su condena.

Diana Hernández González 2ºA En busca del tesoro

Al año de esto, un yanqui le propuso buscar el tesoro juntos, y mi tío aceptó, con la condición de que partirían entre los dos las ganancias. En este segundo viaje sacaron dos cajas pesadísimas y grandes: una, llena de lingotes de plata; la otra, con onzas mejicanas.  Mi tío prefería quedarse con la caja de lingotes de plata, y pretendía apoderarse de ella. El yanqui, al ver lo que pretendía hacer, corrió hacia la caja y se abalanzó sobre ella. Mi tío le preguntó  que qué hacía, y este le contestó que el tesoro era de los dos, y que él quería parte también de los lingotes de plata. Mi tío le contestó que él había hecho mayor esfuerzo por conseguir el tesoro, y que por supuesto se merecía la caja de lingotes más que él. El yanqui, furioso, intentó robar la caja y salir corriendo. La caja pesaba tanto, que a los cinco metros cayó de rodillas al suelo. Mi tío, que ya sabía que no podría con la caja, se acercó a él y le dijo que entre los dos cargaran el tesoro hasta el barquito, y que compartiría con él los lingotes de plata; allí descargaron las dos cajas y navegaron rumbo a Manila. Durante el viaje, mi tío le dijo al yanqui que cuando llegaran a Manila, buscase un lugar seguro donde dividirse la fortuna sin ser vistos. El yanqui aseguró saber de un lugar perfecto para aquello. Cuando llegaron a Manila, mi tío acordó con el hombre que él llevaría las dos cajas a media noche a un callejón del cual habían hablado antes de desembarcar; un callejón oscuro, frío y siniestro que no gozaba de muy buena reputación. Se despidieron y cada uno se fue por su camino. Mi tío, muy astuto, fletó un barquito, y con el tesoro, llegó a Inglaterra. Allí conoció a una mujer, se casó con ella, y compraron una casa. Al año de esto tuvieron dos hijos mellizos, a los que proporcionaron una vida llena de comodidades, gracias a la enorme fortuna que el yanqui, desgraciadamente y a pesar de su colaboración, no obtuvo.

Héctor Sánchez Rodríguez 2ºA En busca del tesoro

Diez años más tarde mi tío con los cien mil duros se compró un barco y junto a su nueva tripulación volvió al peñón para buscar el resto del tesoro. Al llegar al peñón, Jack, uno de los nuevos tripulantes, recordó haber estado allí en otra ocasión, desembarcaron y comenzó una gran tormenta. Jack conocía una cueva cercana a la costa, entraron en ella a refugiarse y John otro pirata se apoyó en una pared, se desestabilizó y mi tío se dio cuenta de que algunas rocas se podían quitar. Quitó una piedra y detrás había un lingote de oro, fueron poco a poco quitando todas las piedras que estaban sueltas, la cueva empezó a caer y se fueron corriendo hacia la costa; pero el barco no estaba, se lo había llevado una banda de piratas, pero mi tío se echó a nadar y abandonó a su tripulación.
Llegó a un puerto, fletó otro baro y fue a rescatar a su tripulación, cuando la rescató, cogieron los lingotes de oro y cada uno de los tripulantes rehízo su vida. 

Óscar Molina 2 A En busca del tesoro

Cuando fueron a buscar el tesoro llegaron, lo abrieron y al abrirlo, vieron que no había nada. Muy enfadados decidieron dar la vuelta, al volver al barco miraron por un lado y por otro y no lo encontraban. Alguien se lo había llevado. Se habían quedado atrapados en esa isla, no sabían qué hacer, estaba a punto de anochecer, temían el quedarse atrapados para el resto de sus vidas y no volver a sus casas. Ellos muy tristes se adentraron en el bosque y buscaron leña,  hojas de palmera para dormir hasta el amanecer,  intentaron encender el  fuego pero nada, no encendía. Después de mucho intentarlo encendió, y con las hojas de palmeras se abrigaron. Al día siguiente tenían hambre, se adentraron en el bosque y se pusieron a buscar comida. Cazaron un conejo, unos cocos y algo de agua. Volvieron a la playa por si veían a alguien pero nada, se sentaron a ver si alguien les venía a rescatar. Pasaron los días, nadie venía a rescatarlos, al pasar un avión que iba rumbo desconocido se quedó sin combustible y la gente que iba dentro sobrevivió .Ellos al ver que se estrellaron  aprovecharon para decir por emisora de radio que les fueran a rescatar. Después de cuatro eternos días vinieron a rescatarlos y volvieron a casa y uno de ellos había cogido un lingote de oro que había en el cofre que él no había visto y calladito le dijo a su tío que mirase lo que se había encontrado. Lo guardaron durante mucho tiempo bajo una caja fuerte escondida debajo de la casa y así es como él y su tío encontraron el lingote de oro.      

Dácil Hernández García 2ºC A la busca del tesoro

Cuando volvió al lugar del naufragio encontró el tesoro pero no llegó a Inglaterra  porque se desvió de su rumbo al ser golpeado por un barco. Entonces llegó a Filipinas  y allí el hombre que había mandado ese barco reconoció el tesoro, el hombre le contó todo lo que había pasado con el dinero y los lingotes de plata. Cuando se lo contó no le creyó  y lo encerró, después a los dos años se lo volvió a preguntar y esta vez  si le creyó.
Al final le dijo que si le daba todo lo que recogió no le pasaría nada, pero si se negaba a entregarlo lo expulsaría de  Filipinas y no podría volver a entrar. El rey pensaba que se negaría a devolverlo pero mi tío abuelo se lo entregó y por eso el rey le dio un parte del dinero que le dio para vivir toda la vida con su familia y cuando el rey murió, como no tenía hijos, decidió que él ocupara su puesto y por eso mi tío es conocido en Filipinas.

Pablo Ramos Rodríguez 2C En busca del tesoro

A mi tío le costó encontrar el punto exacto donde había naufragado el barco. Para ello, contrató a un grupo de personas para que lo ayudaran a  encontrar el naufragio.
Tardaron varios días, e incluso, semanas en encontrar el barco, pero después de una agotadora búsqueda, lo encontraron. Este, era muy grande y estaba deteriorado. Mi tío y el yanqui empezaron a buscar el tesoro. Cuando lo encontraron se sorprendieron porque era de oro y además, grande. Lo intentaron abrir, pero la llave que les dio un marino en el puerto no encajaba en la cerradura, era muy pequeña.
Volvieron a puerto y mi tío fue preguntando a varias personas sobre el naufragio pero nadie sabía nada y un anciano al que pregunto, le dijo que fuese a ver al farero. Cuando llegó, el farero le dijo que ese no era el naufragio del tesoro. Este le dio las coordenadas exactas del naufragio.
Mi tío, el yanqui y el equipo de personas de la búsqueda pusieron rumbo a la isla "Tailand" en busca del tesoro del "Lorelain".
Llegaron a la isla, y, esta vez, lo encontraron en 10 minutos.
Se quedaron absortos ante aquel majestuoso barco Irlandés.
Al adentrarse en el interior, tenían que tener cuidado porque la madera del casco estaba húmeda y se rompía con facilidad. Buscaron y buscaron y al final, en el camarote del "Sr. Pargo" encontraron finalmente el tesoro. La llave coincidía con la cerradura. Mi tío repartió los lingotes de oro entre las personas que lo ayudaron a buscar el tesoro y el yanqui.
Cada uno se quedó con su parte del tesoro, ninguno con las manos vacías.

César Galván de la Cruz 2C A la busca del tesoro


Pero cuando mi tío volvió al lugar del naufragio se encontró a unos piratas buscando el tesoro. Mi tío empezó a buscarlo ignorando a los piratas pero cuando sacó el botín los piratas se lo arrebataron, mi tío no pudo hacer nada porque los piratas eran muchos y más poderosos que mi tío; al no poder hacer nada se volvió a Inglaterra sin nada del tesoro. Durante un tiempo con el dinero que había sacado con el yanqui construyó un gran barco, busco una tripulación con la que poder recuperar el tesoro. Una mañana con todo preparado en el puerto fue al lugar del naufragio pero no los vio. Fue a una isla cercana para preguntar a la gente del puerto si los habían visto. Cuando atracó no hizo falta ir a preguntar porque el barco de los piratas se encontraba allí, nada más atracar mi tío entró en el barco, por sorpresa no había nadie, con ayuda de dos hombres más cogieron el tesoro y lo metieron en su barco. Al llegar a Inglaterra mi tío repartió el inmenso botín entre toda a tripulación.  Aún así los Hasting son millonarios.

En busca del tesoro Nazaret Santana Rodríguez 2ºC

Al año de esto, llegó un joven apuesto con ganas de descubrir el tesoro que aún estaba debajo de los mares.

Conquistó con su palabrería a mi tío, el cuál le ofreció un trato.

 Información del punto exacto del naufragio por la mitad lo que obtuvieran.

Los días pasaron rápido debajo del sol sofocante del mar y después de varias jornadas llegaron al punto exacto.

El mar dejó que sacaran de él un gran  tesoro con el cual los dos hombres volvieron a casa ricos y con un gran prestigio.

Mi tío formó un Museo De Historiadores con el cual descubrió otros tesoros.

El joven apuesto se hizo dueño de casi toda la campiña inglesa y contrajo matrimonio con una bella dama con la que años después tendría un hijo.

En busca del tesoro. Gara González Díaz 2ºC

El yanqui y mi tío se repartieron el dinero, pero lo que él no sabía era que el yanqui le había engañado. Le había dado monedas falsas. Mi tío contento porque pensaba que era rico regresó a casa pero no sabía
qué comprarse ya que le sobraba el dinero, o eso pensaba él. Al día siguiente decidió ir a comprarse un barco, un barco grande, muy grande porque a él le encantaban los barcos de vela y de pequeño siempre le
había hecho mucha ilusión tener uno. Cuando llegó al muelle para comprarlo y tuvo que pagar, el marinero se quedó mirándole mal, mi tío no sabía el porqué de esa mirada y le dijo:
 -Disculpe señor, ¿Pasa algo?
 El marinero le dijo:
 -Si señor, ¡Pasa que usted me quería timar!
 Mi tío no salía del asombro. Este se disculpó y decidió volver a casa. Una vez allí se puso a pensar y vio que el yanqui le había timado así que decidió que tenía que hacer algo, que las cosas no se podían quedar así. Así que decidió ir a por él y coger lo que le pertenecía. Mi tío se puso a buscarle como loco, pero no le veía, hasta que de repente oyó una voz igualita a la del yanqui, se viró y lo vio hablando con un marinero. Mi tío gritó:
-¡Yanqui, dame lo que me pertenece!
Y caminó hasta él. El Yanqui le dijo que no sabía de qué le hablaba. Tras una larga discusión dijo:
-Está bien, te lo daré.
El Yanqui se fue y mi tío se quedó con su parte del dinero. Al final mi tío se compró el barco de vela y todas las tardes se iba a navegar un rato para disfrutar de lo que tenía.

Raúl Siles Glez. 2ºC . En busca del tesoro.

…Según me contó mi abuelo, su hermano mayor pasó su vida buscando el tesoro. En el último intento, fue atrapado por unos viejos bucaneros, que llevaban un barco con bandera portuguesa. Pasó unos seis meses encarcelado, hasta que pudo huir en uno de los atraques en un puerto español. Allí, se hizo amigo de un andaluz, que era un caza tesoros y que al igual que él, pasó su vida buscándolos.
Ambos bebieron y pasaron muchos momentos juntos. Según le decía el andaluz, en un pueblo al norte, había una cruz de oro, cuyo valor era incalculable.
Decidieron aventurarse y fueron a un pueblo llamado Cangas de Onís; tras varias semanas de búsqueda, encontraron en el río que pasaba bajo el puente: La Cruz de la Victoria; ésta fue la que el rey Don Pelayo alzó en la batalla de Covadonga, donde las tropas asturianas derrotaron a las musulmanas. Al verla, los dos gritaron: ¡Victoria!, ¡la hemos encontrado!.
Mi tío no paraba de decir: ¡es la cruz, es la cruz…!.
Este tesoro encontrado fue muy recompensado por los gobernantes españoles, en público reconocieron y felicitaron a mi tío y a su amigo, el andaluz. Les entregaron la medalla de honor y del valor.
Hoy en día, junto a la cruz de la victoria, se puede leer:
Gracias a unos hombres valientes, tenemos esta cruz.

Silvia Cabrera Rodriguez . 2C A la busca del tesoro

Al año de esto un chico que  pasaba por allí buscando trabajo, conoció
a mi tío en un restaurante mientras este estaba almorzando en su
descanso de trabajo, el chico se acercó a él y le preguntó
si no sabía de algún lugar donde se necesitaran trabajadores, y daba
la casualidad de que justamente en la casa de comercio hacían falta.
Empezaron a hablar para conocerse un poco más ya que si nada iba mal
tendrían que trabajar juntos por mucho tiempo, en las horas de
conversación mi tío le contó su aventura a la isla del Pacífico y
decepcionante regreso. El chico se quedó fascinado y decidió
proponerle ir de nuevo a la isla ya no solo para buscar el tesoro sino
simplemente para verla y vivir una pequeña aventura, mi tío no se lo
pensó dos veces y aceptó, ambos se pusieron de acuerdo para
encontrarse en el embarcadero al día siguiente.
Mi tío y el chico pusieron rumbo a la isla, en cuanto llegaron no
sabían muy bien qué hacer, y el chico decidió sacar el supuesto mapa del
tesoro y ponerse a buscarlo. Después de horas y horas tras su búsqueda
no encontraron nada, y tras la frustración de haber perdido el tiempo
por una segunda vez mi tío lanzo una piedra con rabia a un punto
perdido, en cuanto la piedra cayó se oyó un sonido hueco; ambos fueron
a mirar el origen del extraño sonido y tras unas minutos escarbando en
la arena se toparon con una caja de madera que en su interior contenía
lingotes de oro. Pero el chico y mi tío no se repartieron el dinero,
sino que lo disfrutaron juntos como buenos amigos de aventuras.

En busca del tesoro. Natalia Pérez Suárez 2ºC.


Mi tío creía que no había encontrado todo el tesoro así que decidió emprender una tercera búsqueda.
Un día por la mañana mi tío se montó en un barco pensando que este le llevaría hasta el Pacífico, sin darse cuenta de que solo viajaba hasta Méjico. Al bajarse del barco se dio cuenta de su error, corriendo intentó remediarlo, cogiendo otro nuevo barco que le llevara a su destino, pero, ¿cuál fue su sorpresa?, a causa del mal tiempo no saldrían más barcos hasta dentro de un mes. Entristecido buscó un sitio donde hospedarse; caminando por la ciudad encontró una bella mujer de la cual se enamoró enloquecidamente; a medida que iba pasando el tiempo se iba enamorando más de ella y olvidando el tesoro.
Pasaron varios años, y mi tío se casó con esa mujer; tuvieron dos hijos a los que su padre les contó la historia del tesoro. Algunos años después el hijo mayor, encontró el resto del tesoro cumpliendo con el sueño de mi tío.

Irene Pérez Expósito 2º A La busca del tesoro

Pero el yanqui lo traicionó, faltando a su promesa. Abandonó a mi tío en una isla deshabitada y se largó en el navío con el botín. Empezaba a oscurecer, así que mi tío buscó un lugar donde dormir. Con las hojas de una palmera formó su lecho. 
A la mañana siguiente despertó repleto de picaduras de mosquito y con un hambre colosal. Encontró algunos cocos en un árbol y después de mucho esfuerzo consiguió que dos de ellos cayeran al suelo. Después de abrirlos y comérselos, recorrió la pequeña isla en busca de algo que le fuese útil. Halló dos grandes piedras y bastantes ramas secas. Pronto pudo hacer fuego. Se quitó su abrigo y agitándolo cerca de la hoguera, comenzó a hacer señales de humo. Por suerte unos pescadores navegaban cerca y llegaron rápido a la isla. Mi tío regresó a la ciudad y trabajó durante muchos años. Obtenía el dinero necesario para poder vivir cómodamente pero sin lujos. Un año después, se topó con el yanqui. Furioso, le exigió que le devolviera la parte que le correspondía. Pero resultó ser que no se trataba del mismo hombre y mi tío, confundido, tuvo que dejarle marchar.
Aún ahora, continuamos buscando al embustero yanqui que engañó a mi humilde tío.  

DAVID SEGURA ÁLVAREZ 2ºA En busca del tesoro


Al año siguiente, dando un paseo por el puerto pesquero, conoció a una mujer a la que le gustaba mucho vivir aventuras, ella estaba buscando marido al igual que él. Más tarde, cuando cayó la noche, fueron a un bar de copas cercano a la orilla marina. Dentro del bar se sentaron en una bonita terraza con vistas al mar. Se dieron cuenta de que algo brillaba a lo lejos, era algo de color blanquecino brillante. Al día siguiente situaron ese brillo que habían visto, con ayuda de una libreta y un mapa de un Iphone, apuntaron las coordenadas de su situación. Pasaron los años, alrededor de 10 años, ya se habían casado e incluso habían tenido dos hijos. Una tarde aburrida de tormenta se reunieron todos en familia a leer y a mirar recuerdos ( notas, libretas, dibujos...)  simplemente por aburrimiento hasta que Tom, uno de los hijos le pregunto: ¿Papá que es esto? El padre se sorprendió, aún se acordaba de lo que eso significaba. Al día siguiente alquilaron un barco en el mismo puerto donde hace diez años avistaron aquel brillo. Cuando llegaron había miles y millones de monedas en cajas; con una pequeña grúa pesquera que incluía el barco consiguieron muchos de estos ejemplares, se hicieron ricos y la gente les alababa.

martes, 14 de febrero de 2012

Historia de piratas Nazaret Santana Rodríguez 2ºC





No entendíamos de donde salia aquella canción que nos revolvía las entrañas.
- ¡ Mal rayo! -dijo Morgan-, qué sucede, es normal que los piratas robemos tesoros pero siempre he escuchado historias de maldiciones por coger tesoros de otros. Pero en este caso este pirata no lo necesita pues ya no es sino un manojo de huesos.
Uno de los piratas del grupo que tartamudeaba del miedo dijo:
- Le tengo miedo a los muertos y respeto, lo mejor es salir del bosque y llegar a la playa donde con un bote alcanzaremos el barco y pondremos rumbo a otro lugar.
- Jajajaja, tenle miedo a los vivos, ¿ qué te va a hacer este saco de huesos?
Todos se rieron y dos de ellos arrastraron el cofre hasta la orilla de la playa.
Intentamos abrir el cofre pero era imposible y decidimos llevarlo al barco y abrirlo allí. Cada uno imaginó lo que habría dentro.
Al llegar al barco nos sentimos a salvo pero una sensación rara invadió el aire. Era el sentimiento de la desconfianza, todos nos sentíamos dueños del tesoro y no queríamos compartirlo.
Como yo era el pinche de cocina me mandaron a preparar la cena, cosa que hice de muy mala gana, pues yo también era dueño de aquel cofre.
Este cofre aun sin abrir había acabado con la amistad, unión y juramento de los piratas.
Esa noche oscura en la cual hasta el mar estaba atento a cualquier movimiento todos se espiaban, en un abrir y cerrar de ojos estaban enfrentados los seguidores de Morgan con los del Garfio, llamado así por su mano.
-¡Morgan! ¿ qué quiere coger y por qué está en la proa?
-Lo mismo que tú pero se quedara con el cofre el que quede vivo.
- No lo dudes Garfio, mis hombres acabaran con tu tanda de borracho y verás como me quedaré con todo el oro del baúl.
Se escuchaban los sables, las espadas y los lamentos de los muertos.
Al cabo de un rato bastante lago se hizo el silencio y solo se escuchaba el batir del mar contra el casco de barco.
Todo había acabado, se habían matado entre ellos por un cofre que no sabían lo que tenía.
Salí de mi escondite y mireé a mi alrededor, solo cuerpos sin vida y se escuchó de nuevo esa canción que salió de aquel cofre maldito. Con todas mis fuerzas lo empuje hasta el borde del barco y lo lancé al fondo del mar.
-¡Húndete!, donde nadie te pueda encontrar.

Dácil Hernández 2ºC Historia de piratas.‏


Allí había un animal salvaje que aullaba entre las hojas mientras buscaba comida .
Entonces, cuando casi apareció entre las hojas y todos vieron su sombra, no sabían que hacer.
-Vamos ya de esta isla, me da miedo -dijo Merry.
-No nos iremos de aquí hasta que sepa lo que es esa sombra-dijo Silver.
-Yo tengo miedo y no quiero saber qué se esconde ahí-dijo Merry.
Al final cuando nos dirigíamos hacia el barco para marcharnos el animal se tiró sobre Silver, y nos dimos cuenta de que era una cebra pero lo que no nos explicamos era quien lo había dicho. Cuando miramos arriba ya era demasiado de noche y no pudimos ver nada, pero cuando subíamos al barco, una espada se clavó en el árbol donde habíamos amarrado el barco; nos dimos la vuelta y vimos a dos hombres pálidos y con cara triste que desde que los vio Merry los reconoció y dijo que él los había encarcelado hacia cinco años y ellos le dijeron que había llegado su venganza.

martes, 7 de febrero de 2012

DANIEL MARRERO HERNÁNDEZ 2ºA (ISLA DEL TESORO)


Pero esa voz no era de una persona de carne y hueso. Esa voz era de un esqueleto, el dueño del tesoro concretamente, había escondido su tesoro en el bosque con el  fin de que nadie lo encontrase y quiere que siga siendo así. Los piratas seguían corriendo, con todas sus fuerzas, atravesando las ciénagas del bosque, los acantilados, y demás zonas peligrosas que tenían que batir para llegar al barco. Llegando a la playa (donde se encontraba el barco para salir de la isla del tesoro) el esqueleto logró alcanzar a el tesoro, pero en una pelea que duro muchísimo tiempo, ganaron los piratas; finalmente, se metieron todos en el barco, junto con todo el botín. Cuando iban a salir, el esqueleto les propuso un trato… Ellos se podían quedar con todo el botín, que perteneció al esqueleto, y a cambio ellos le tenían que dar algo. Pero todo lo que tenían los piratas era ron, comida, agua ardiente… No le podía dar eso, ya que el esqueleto no puede ni comer ni beber. Un pirata del bajo mando vio en la proa un esqueleto de mujer, se lo dijo a su capitán, y se lo dieron para que el esqueleto tuviera compañía. Y así, el esqueleto y los piratas pudieron disfrutar de sus regalos, los piratas se convirtieron en personas importantes, y el esqueleto no volvió a molestar a nadie que naufragara en esa isla, ya que estaría demasiado ocupado con su nuevo acompañante…

Una historia de piratas.Natalia Pérez Suárez 2ºC

Los piratas disponiéndose a marcharse volvieron a escuchar esa dulce voz  "Quince hombre sobre el baúl del muerto y una botella de ron…" entonces este fue el momento en el que salimos corriendo olvidándonos de la anterior teoría. Atravesamos el bosque hasta llegar a la playa sin mirar atrás por temor de que esa voz desconocida nos siguiera.
Pero lo cierto era que ni en el barco estábamos seguros, esa voz nos perseguía como culpándonos de haber robado el tesoro.
-Teníamos que haber esperado al capitán-. Dijo Merry.
-¡Me estas echando la culpa, si la culpa es tuya y de tu avaricia!-. Dijo Silver.
La discusión se alargó un poco, pero nuestro problema se encontraba justamente allí, en la bodega junto a unos barriles de ron. ¿Qué haríamos  con el tesoro?
No queríamos devolverlo pero algo me decíaque si nos lo quedamos la voz que ahora oímos será el menor de nuestros problemas.
Tras haber pasado una noche muy larga, sin apenas dormir, decidí salir a cubierta para coger aire y aclarar las ideas con un buen vaso de ron. Al cabo de unos minutos recordé una historia antigua que hablaba sobre un tesoro maldito como este, en ella se contaba la forma en la que se podía romper la maldición; yo , pensando que no tenía nada que perder decidí probar; asique cogí un farol y comencé a adentrarme en el espeso bosque, una vez localizado la entrada a la cueva donde habíamos encontrado el tesoro comencé a repetir la canción que en la historia contaba. Tras asegurarme de que había hecho el ridículo tal y como contaba la historia volví al barco para poner rumbo a lo desconocido.

Pablo Ramos Rodríguez 2 C La Isla del Tesoro

Al final decidimos seguir, y no echarnos atrás.Avanzamos lentamente y con mucha cautela por el bosque, siguiendo el mapa. Más adelante, volvimos a escuchar ese estribillo de la canción, que decía con voz amistosa y fantasmagórica: "….Quince hombres sobre el baúl del muerto…." ¡Yujujú, y una botella de ron…"
-Seguro que es Flint-. Volvió a decir Merry.
-¿Quién es Flint?- pregunté con miedo.
Los piratas no me contestaron, y seguimos el camino. Cuando estábamos casi al final del camino, se volvió a oír el estribillo de la canción, y de repente, apareció un fantasma delante de nuestras narices y dijo:
-Hola amigos. El capitán del "Holandés Errante", con sus 32 hombres se os han adelantado en el camino. Os tenéis que apresurar si queréis el botín.
-Ves, os dije que era Flint-Entonó orgulloso Merry.
-Flint, ¿porqué has estado cantando ese estribillo durante todo el camino?-preguntó Silver.
-Porque de esos 32 piratas, han muerto 15, debido a las trampas de la cueva "El baúl del muerto", que lleva hasta el tesoro,-respondió Flint, ahora daos prisa y seguid vuestro camino.
En un abrir y cerrar de ojos, el fantasma desapareció de nuestras narices. En el camino los piratas me respondieron a la pregunta que antes, les había hecho. Según me contaron, fue unos de sus amigos, que murió en un naufragio a bordo de "La Calavera Negra".
Al final del camino, encontramos la cueva, "El baúl del muerto", y entramos en ella, pero no sin antes, hacer unas antorchas. Estaba tan oscura como la boca de un lobo. A medida que íbamos avanzando, nos íbamos encontrando cadáveres de los piratas del "Holandés Herrante", numerosos esqueletos…En la mitad de la cueva, oíamos unas voces lejos, que decían:
-Vamos muchachos, seguid.
-Seguro que es el capitán-contestó Morgan.
Cada vez era mas oscura, y las antorchas solo quedaba la mitad de ellas. Seguimos y empezamos a divisar unas pequeñas luces al fondo de la cueva. Corrimos hacia ellas, y al llegar, habíamos alcanzado a los piratas. Nuestra tripulación empezó a eliminar a todos. Cuando acabó la lucha, cogimos el tesoro y salimos rápidamente de la cueva.
Al salir de esta, corrimos hasta la playa, y allí, cogimos nuestro barco y zarpamos rumbo a nuestros hogares. En el barco, lo celebramos por todo lo alto, y brindamos por la recompensa y le dimos gracias a Flint, por ayudarnos a lograr el tesoro.